El campus se vacia hoy ya que las vacaciones de Thanksgiving empiezan mañana. Thanksgiving, el día de acción de gracias, es el cuarto jueves de noviembre; es decir, ¡en dos días! A todo el mundo nos encanta ese día. Es una celebración bien irónica; es para conmemorar el banquete que los peregrinos en la nueva inglaterra celebraron con los indígenas norteamericanas en el año 1621. Todos los peregrinos hubiesen muerto de hambre sin que los indígenas los ayudasen. Sin embargo, la mitad (más o menos) de su población sobrevivieron el primer año en el nuevo mundo, y los indígenas les mostraron cazar, y crecer las verduras que nunca habían visto, etcétera. Por eso celebraron juntos después de la cosecha y los peregrinos le dieron gracias a Dios por sus vidas, la libertad religiosa que habían encontrado en su nuevo hogar, sus nuevos amigos, y el alimento de la cosecha.
Lo irónico es que hoy en día celebremos el día por comer muchísimo, y la mayoría de la gente no piensa en la inanición de los peregrinos, sino que come demasiado. Es imprescindible que haya un pavo como la comida principal; la comida tradicional también incluye salsa de arándanos rojos, puré de papas, relleno, ñames, una ensalada de fríjoles verdes con cebollas fritas, maíz, verduras, y postres como pastel de manzana o pastel de calabaza. En ciertas familias la gente juega al fútbol americano, o mira el partido en el televisor, pero a mí me parece muy triste que una familia se reúna y mire el televisor en vez de visitar/charlar.
También en estos días el sistema escolar quiere cambiar la historia del primer Thanksgiving, porque hay gente que no quiere enseñar a los niños que los peregrinos adoraron a Dios y le dieron gracias a Él. En Massachusetts, el estado donde ocurrió la fiesta de los peregrinos y los indígenas, los maestros les enseñan a sus estudiantes que los peregrinos les dieron gracias a los indígenas. Y aunque es verdad que sí, la razón principal por la que celebraron ¡era para decir gracias a Dios! No se puede cambiar la historia.

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